26 de noviembre de 2008

Entrevista con el director Ramiro Perdomo: La multiplicidad de significados en la construcción de una coherencia artística

Hace unas semanas el director Ramiro Perdomo regresó de una gira por España, en donde se presentó la obra Mi muñequita (que co-dirigió junto a Gabriel Calderón) en el Festival Internacional de Girona y el Festival Iberoamericano de Cádiz. Actualmente otra de sus puestas, Harold y Bety de Albertoni y Perrotta, se está presentando por el interior del país.

Su último estreno en el Teatro Circular, Más vale solo, obtuvo una nominación a los premios Florencio en la categoría de actor de reparto para Moré. La puesta continuará en cartel hasta el domingo 14 de diciembre, y luego será repuesta en marzo con horarios a confirmar. Conversamos sobre su trabajo en esta obra y acerca de sus futuros proyectos.


¿Cómo fue tu relación con el texto en el camino de la puesta en escena?

Podría decir que establecimos una relación lúdica y libre con el texto, de un ida y vuelta abierto a constantes cambios. En general, cada vez que llevo un texto a la escena, intento sacarle el máximo jugo a las posibilidades de juego que éste encierra, y a la vez, tener la libertad de modificar aquellas zonas en las que muestra debilidad o que podrían potenciarse aún más. En el caso de “Más vale solo”, esta dinámica fue llevada al extremo. El texto original tenía varias virtudes que todos reconocíamos: una sólida estructura dramática, personajes bien definidos, relaciones establecidas claramente, un humor por momentos descacharrante, un ritmo sostenido, etc. Pero también tenía algunas debilidades: parlamentos innecesarios, repetición excesiva de algunos datos, situaciones demasiado tontas y situaciones que podían ser mucho más explotadas. Su autor, Gabriel Calderón, era el primero en reconocerlo, y por tanto, antes mismo de presentar la propuesta al Circular, ya sabíamos que habría que reelaborarlo. Y en esa tarea nos embarcamos todos: autor, director, actores, pero ese trabajo no se hizo en el encierro y la quietud de un escritorio, todas las modificaciones se fueron incorporando paralelamente al proceso de puesta en escena del texto y del trabajo actoral.
El texto fue modificado desde la acción escénica, tomando en cuenta las propuestas de todos los involucrados, fueran estas intuitivas o intelectuales. La mirada y el seguimiento de Gabriel hizo que no se diluyera su sólida estructura dramática. Y todo eso nos garantizó que el texto que finalmente fue representado, tenga una íntima relación con las caracterizaciones de los actores, con la puesta en escena, con la propuesta estética.
Toda la construcción de la puesta en escena mantuvo permanentemente una comunicación de ida y vuelta con la reelaboración del texto. “Más vale solo” te puede gustar o no, te puede parecer una estupidez o un divertido espectáculo, pero es difícil no reconocerle su unidad, su coherencia artística.


¿Qué elementos priorizaste en el trabajo con los actores?

Como director, siempre trabajo mucho con los actores. Es una de las facetas que más disfruto. Por eso trato de no dejar nada fuera de todo lo que implica “actuar”. Y por eso primero que nada permito que vuelquen todo su material en los ensayos. Los considero artistas creadores y no meros intérpretes. Obviamente que uno llega también con ideas previas, intuitivas o construidas, sobre lo que quiere hacer, pero siempre trato de permitir que se dé esa lucha sana y productiva entre las propuestas de todos.
En el caso de “Más vale solo” este juego lo viví con mucho placer, gracias a un elenco buenísimo que se comprometió a fondo con la tarea. Y partiendo de esa base, por supuesto que paulatinamente tuvimos que ir haciendo hincapié en determinados aspectos particulares que conciernen al trabajo con el actor. En primer lugar un concienzudo trabajo de caracterización de los personajes, elemento fundamental para que el espectáculo no cayera en un naturalismo borroso y tuviera toques de grotesco y absurdo. Desde un principio quise llevar la obra a una atmósfera de cierta supra-realidad, y la caracterización caricaturizada de los personajes fue un elemento fundamental en ese camino.
De la mano de este trabajo por supuesto que va la construcción vocal y gestual del personaje. Me interesa que ningún sonido sea emitido en vano y que ningún gesto sea borroso o insignificante. Esto no quiere decir que ahogue a los actores, pero sí los presiono a buscar más allá de lo primero que alcanzan. El otro aspecto en el que hicimos fuerte hincapié fue en el movimiento escénico. Me obsesiona que el movimiento en el espacio sea siempre armónico, que encierre cierta geometría y esconda o potencie significados. No un movimiento arbitrario, sino en íntima relación con el texto, la situación narrada, el sentir de un personaje. Todo este juego de movimiento y posiciones escénicas precisas y definidas, colabora en la construcción de un espectáculo que se muestra desde el primer momento como una ficción, como un objeto artístico construido para ser disfrutado.
Como si esto fuera poco los actores tuvieron que hacer un gran esfuerzo por encontrar el ritmo de cada escena en particular, y de la obra en general, elemento fundamental en la comedia. Y doble esfuerzo por la necesidad de imprimirle cierta dosis de vértigo que lograra hacer más efectivo el humor. Actores en definitiva, que tuvieron que poner todas sus herramientas técnicas y creativas para estar en sintonía con el código y la estética propuestos desde la dirección. No sé si lo logramos, creo que sí, pero lo que es seguro es que trabajamos muchísimo para intentar alcanzarlo.

En la escena se observan pocos elementos que resultan, sin embargo, ejes de la acción ¿Qué te interesó transmitir desde el manejo del espacio escénico?

El equipo técnico comenzó a reunirse y trabajar mucho antes de que comenzaran los ensayos. Mi intención era definir previamente la estética general de la obra, sobre todo, en lo que refiere a escenografía y vestuario. Por supuesto que todo fue variando a lo largo del proceso, pero determinadas ideas macro se mantuvieron ya que eran fundamentales para la puesta en escena que quería construir.
Que el vestuario tuviera una referencia directa a la realidad, pero que a la vez escapara un tanto de ella colaborando con la caricaturización de los personajes, fue esencial saberlo con anticipación para que los actores fueran jugando con sus caracterizaciones desde ese lugar. Que la escenografía no reprodujera una sala de hospital es una decisión previa necesaria para la construcción de todo el movimiento escénico. Todo el tiempo fuimos tras una idea síntesis que hiciera referencia a lo hospitalario pero que multiplicara los significados. Así se fueron definiendo esos pocos elementos que hay en escena, y que por supuesto resultan ejes de la acción porque desde el inicio del trabajo con los actores fueron tomados en cuenta.
No sabíamos cómo iba a ser la camilla, pero sí sabíamos que iba a haber una, y que yo proponía que estuviera en el centro del espacio. Después los actores propusieron sillas y fuimos definiendo su lugar en función del juego escénico. Me interesa muchísimo el juego geométrico en el espacio, que el movimiento o la posición que ocupa un actor esté milimétricamente definida y tenga un significado oculto propio, y a la vez guarde una relación armónica con el todo. Cada elemento que está en la escena es esencial para la construcción de todo el movimiento escénico, y si hay algo que no cumple con esa característica, lo saco de la escena y punto. Por todo eso es que podría decir que no hay algo específico que quise transmitir con el manejo del espacio escénico, más bien todo el juego escénico es una parte más que busca armonizarse con todas las otras que componen el espectáculo, y como tal ayuda a multiplicar significados así como a construir una unidad sólida y única.

En una entrevista afirmaste que te "interesa la modificación que trae el espectáculo a cada uno de los involucrados"(*) En ese sentido, ¿qué aprendizajes resultaron de la puesta de Más vale solo?

Cerca del estreno estábamos conversando con Pablo Notaro, el músico de la obra que ya había trabajado conmigo en “Harold y Bety”, y él me recordaba que cuando lo invité a trabajar en esta obra le había dicho que este trabajo iba a ser más sencillo que aquel, ya que la obra y el proceso que íbamos a hacer sería menos complejo. Y mientras seguía acortando un tema y alargando otro, me dice que al final aquello había sido poco menos que un engaño, porque esta obra le había dado el mismo trabajo….y sí, es así. Esa es una de las modificaciones que operó en mí la construcción de este espectáculo, una modificación de pensamiento: yo creía que cuánto más sencillo un texto, más sencilla la tarea de llevarlo a escena; pero resulta que no es así. Cuando uno pone todo su esfuerzo y toda su entrega en un proyecto, poner en escena un texto un poco más sencillo da el mismo trabajo que poner en escena uno mucho más complejo.

¿Te encuentras preparando un próximo proyecto?

Tengo varias ideas y propuestas para el próximo año, pero aún no estoy preparando nada. En este momento, “Harold y Bety” de Albertoni y Perrotta, está haciendo funciones en el interior gracias a que fue uno de los proyectos ganadores de los Fondos Concursables para la Cultura. Recién volví de una maravillosa gira que “Mi muñequita” de Calderón, hizo por España; y “Más vale solo” sigue en cartel hasta mediados de diciembre ,así que por el momento estoy disfrutando de lo ya hecho. Además ya estoy trabajando con La Mojigata y La Gran 7 para este carnaval. Después de unas merecidas vacaciones, decidiré en qué proyectos me embarco el año próximo. Seguramente, por el lado de Complot llegarán algunas novedades.


Más vale solo
Teatro Circular Sala 1

Viernes y Sábados 21:30 - Domingo 19:30 hs.

Hasta el 14 de diciembre.


(*) En entrevista realizada por Luis Vidal Giorgi para la revista de Socio Espectacular en octubre de 2008. Pág 13.

No hay comentarios: