8 de marzo de 2010

La Paranoia: Pastiche Carnavalero

Como buen alumno de Kartun, Spregelburd se inspiró en una imagen generadora para crear el universo de La Paranoia: la tabla de los pecados capitales de El Bosco. A partir de esta expresión pictórica, y encausando su condición de grafómano, desarrolló una serie de obras emparentadas a estos siete pecados capitales conocidas como la Heptalogía de Hieronymus Bosch: La inapetencia (1996), La extravagancia (1997), La modestia (1999), La estupidez (2001), El pánico (2002), La paranoia (2007) y La terquedad (estrenada en Alemania en 2008).

El autor sostiene que su saga no es más que una única obra, ya que como en aquella tabla de El Bosco, su escritura se torna circular sobre los mismos tópicos. Varios son los intereses que ayudaron a gestar La paranoia: la gula como disparador inicial, los alcances de la ficción y la construcción a través del lenguaje, los desafíos de la actuación, la exploración del lenguaje fílmico. Y no sólo eso: en la creación del texto estuvo presente la posibilidad de lograr una obra cercana a las tres horas, para estimular el ejercicio de mantener la expectativa del público durante su transcurso. Estas premisas, entendidas como ambiciosas por los propios integrantes de su compañía El Patrón Vázquez (Andrea Garrote, Héctor Díaz, Alberto Suárez y Mónica Raiola) guiaron esta puesta que, por su pretensión, acaba en varios momentos por perder el eje.

Una enorme pantalla al fondo del escenario busca dialogar con los actores en escena y ser, a su vez, un relato paralelo, una veta más en esta paranoia escénica. Como relato central un grupo conformado por un astronauta, una escritora, un matemático y una robot que, en un futuro lejano, son citados para construir una ficción que sea capaz de satisfacer a un grupo alienígena llamado “las inteligencias”, que están amenazando al mundo si no se les proporciona este elemento de consumo. Con la guía de un militar este grupo de personajes excéntricos crea una trama de ficción paralela a la escena que, en soporte fílmico, ocupa el 70% de la puesta.

Lo que es austero en la escena (una escenografía con pocos elementos) contrasta con la gran producción que se ve en pantalla, que lejos de integrarse a la escena, se torna como principal eje del relato, olvidándose incluso de ella. Spregelburd, como actor principal del filme y también el resto del elenco, demuestran sus dotes actorales y su plasticidad en los diferentes lenguajes, pero no logran articular, aunque lo pretendan, ambas creaciones. El grupo de elite discute y vuelve obsesivamente sobre los tópicos que en esta ficción pueden cautivar a su público (“las inteligencias”) y van creando una historia policial disparatada con toques de absurdo, que explota en todo sentido las posibilidades humorísticas de la puesta. Al descubrir una serie de reglas impuestas por estas “inteligencias” para la creación de esta historia, el grupo establece un nexo con la pantalla en el que crean, en apariencia, un discurrir simultáneo de ambos relatos. Quizás allí logren el único momento de diálogo verdadero, o simplemente un guiño humorístico con el espectador.

El director se acerca con creces a uno de sus nuevos intereses: el lenguaje cinematográfico. Como actor ha participado en varias películas y en la serie televisiva Mi señora es una espía transmitida por el canal argentino Ciudad Abierta. En el filme creado para La paranoia, cuya dirección audiovisual está a cargo de Daniela Goggi, Spregelburd se ha encargado de la dirección general. Y es este nuevo lenguaje al que apela el director el que responde a su cuestionamiento acerca de mantener el interés del público por varias horas desde el escenario, preocupación que ha manifestado en varias entrevistas: el relato sólo se sostiene desde el giro humorístico de esta ficción paralela. Spregelburd lo logra desde la pantalla como ente independiente y no desde la escena, y por ello es que parece apelar desesperada y recurrentemente a ella, restándole en esa decisión su valor significante.

El texto juega con la delgada línea entre la ficción y la realidad que tanto preocupa a Spregelburd y allí es donde el vínculo entre lo fílmico y lo escénico toma mayor partido. Por momentos los personajes viven en la pantalla y saltan al escenario o viceversa, así se confunde el punto de vista de lo establecido como “real” o “ficticio” en la representación. En definitiva, sobre la escena todo es construcción y el director experimenta y juega con las posibilidades que la creación le otorga a modo de develación. Ese discurrir le permite enlazar una escena en un submarino lituano, una ópera china y un culebrón venezolano.

La mejor escena (sobre el escenario) sin dudas, es la representación de la muerte del detective John Jairo Lázaro que se mantiene inmóvil como centro de las miradas, mientras en la pantalla un pastiche en el que desfilan todos los personajes de esta obra vuelve persistentemente a desviar la atención. Un logro escénico son esos interminables minutos del cuerpo que yace sobre las tablas, cercano a su público. Un momento intenso pero que disipa sus energías en el vaivén carnavalero de unos seres en plena paranoia.


La Paranoia

Autor: Rafael Spregelburd

Elenco: Andrea Garrote, Mónica Raiola, Pablo Seijo, Rafael Spregelburd, Alberto Suárez.

Link: http://www.laparanoia.com.ar/

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