12 de febrero de 2008

Las presidentas: Las grandezas de la miseria


“El teatro produce pensamiento. El autor produce pensamiento. El actor con su boca y un texto ajeno, produce pensamiento.”
Marianella Morena (*)



Decadencia. Los efectos de un contexto social en declive recorren los diálogos y monólogos de Erna, Greta y María, las tres ancianas que desde sus bajezas, miserias y delirios ansían proyectarse en un futuro de patéticas grandezas. El texto del austríaco Werner Schwab abunda en ironías para reflejar, desde la clase baja, la organización jerárquica de una sociedad atravesada por la decadencia moral.
En las historias de estos tres personajes tan dispares hay un lastre que se carga, más allá de la profunda soledad que las atormenta. Greta recuerda su pasado lujurioso y hoy sólo puede aferrarse a la compañía de su perrita, Erna es una viuda beata cuya ocupación principal es intentar llegar al máximo del ahorro y María se dedica a limpiar inodoros atascados con la virtud de realizarlo sin guantes. En la discusión de sus preocupaciones, Las presidentas intentan priorizar la importancia de cada una de sus decadentes vidas, para escapar de la depresión, no siempre tomando en cuenta a los demás.
Ciertos rasgos autobiográficos invaden el texto. Schwab fue hijo de madre soltera y católica, que realizaba tareas domésticas para ganarse la vida. Su padre, desconocido para él, fue miembro de las fuerzas nazis. Depresivo, murió el 31 de diciembre de 1993 por un coma alcohólico. Bajo esa mirada autodestructiva Las presidentas es un texto cargado de desesperanzas, de ilusiones truncas y sinsentidos.
En la construcción de un espacio y un tiempo derruido el autor utiliza un lenguaje provocador que, para muchos, resulta un tanto revulsivo en tanto que apela a crear imágenes mentales del excremento humano. Es a través de esa metáfora que Schwab logró expresar de forma rotunda su interpretación acerca de una sociedad que consideraba putrefacta, por su pasado y por su presente.
Dramas Fecales. La obra fue estrenada en Viena en 1990 y recibida como una reacción contra al teatro bienpensante que se estrenaba por esa época en Europa. Junto a Exterminio, Exceso de peso y Mi cara de perro conforma los dramas fecales, que hablan de la mezquindad interna que tarde o temprano surge en los humanos. Como escultor Schwab realizó varios collages en los que usaba desechos humanos, dejando de lado las apariencias y transformando a lo culturalmente inmundo en materia de arte, como principal método de provocación. En Las Presidentas mediante el humor negro, explora la hipocresía de una sociedad generadora de inmundicia que intenta ocultar, como la engendradora de un pasado nazi no aceptado y, por tanto, nunca reconocido.
La puesta en escena de la directora Marianella Morena sigue el camino de esa provocación, al realizarla en la sala UnderMovie del Montevideo Shopping, y al contar con tres actores de trayectoria integrantes del elenco oficial: Estela Medina, Gloria Demassi y Levón, encarnando a estos personajes bizarros y perturbadores. La sorpresa constante que genera este texto duro que apunta al choque con el receptor se ve alivianada por escenas de un humor paródico e irónico que en el fondo resalta el patetismo de las situaciones representadas. Ese cambio drástico de tono es el que se sugiere desde la elección de una sala teatral en el entorno pulcro de un shopping para la puesta de una obra escatológica, y de la elaboración de una escenografía detallista y lineal como contexto de una historia que refiere constantemente a imágenes abyectas y no homogéneas.
Es que cada texto elegido y trabajado por Marianella Morena saca de lugar de alguna forma al espectador: recordemos las puestas de Resiliencia (actualmente en cartel en el Teatro El Galpón), Los últimos Sánchez, Elena Quinteros, presente o Don Juan, el lugar del beso. En un enero aletargado, Las Presidentas representa una postura artística alejada de todo conformismo. A la dirección se suma la entrega actoral que pone sobre los hombros la dureza de lo dicho.
Redención. Delante de un telón tres sillas servirán de ubicación-podio en las que, a modo de juego, los personajes se irán alternando en la presentación de sus historias personales, en una lucha por la imposición. Como segundo espacio una cocina de ambientación sombría será el marco de una nueva ficción imaginada por Erna, Greta y María, acompañadas por los espectadores. En esa cocina, espacio privado asociado a la sumisión, las tres ancianas se proyectan y sueñan a través de su discurso en pos de una añorada redención. Mientras Erna y Greta, más carnales, añoran una historia de amor de película, María sólo espera ser reconocida socialmente por su mérito de limpiar los desechos de los demás. Un entorno místico-religioso rige su discurso y se traslada al de las otras. Como una norma más en el conjunto de valores sociales hipócritas, lo religioso es entendido como un medio hacia la posible purificación, que nunca llega. Y es que las heridas descritas no cesan de sangrar.
Los relatos se alternan, chocan, se superponen y luchan por imponerse. Así, la redención esperada no se alcanza y culmina en la destrucción, en un giro final que sigue el tono sorpresivo de un texto que moviliza aún después de abandonar la sala.
(*)La palabra está de duelo. Disertación en el I Coloquio Nacional de Teatro. Pág 381, Teatro rioplatense. Cuerpo, palabra, imagen, Roger Mirza (ed), Montevideo, 2007.
Texto: Werner Schwab
Dirección: Marianella Morena
En cartel: Viernes y Sábados 22 :00 hs. Domingos 20 :00 hs, Sala Undermovie Montevideo Shopping

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