31 de enero de 2008

Un hombre bueno en una historia terrible: Los testigos silenciosos

El elenco, bajo la supervisión de Elisa Contreras, realizó esta adaptación libre de dos obras de Florencio Sánchez: Nuestros hijos y Los derechos de la salud. Ambas piezas poseen un hilo conductor claro: los secretos a voces de típicas familias burguesas de comienzos del S XX. En un escenario armado para esta representación, casi oculto en el primer piso del Palacio Salvo, el director Mario Ferreira logró escenificar estas historias familiares acalladas, a la vista de actores y público como testigos silenciosos.

El interés de Florencio Sánchez en escribir sobre los dramas cotidianos hace que estos textos de comienzos del novecientos no nos parezcan tan lejanos. Ferreira los acerca aun más al construir un ambiente íntimo, de cercanías físicas y emotivas, respetando el naturalismo típico de la dramaturgia de Sánchez. La escenografía y el vestuario son austeros, algunos pilares de diarios desordenados servirán de butacas para los actores. Sus presencias, silenciosas, no abandonarán nunca el espacio escénico. Mientras se desarrolla la acción entre algunos personajes, los demás se mantendrán pasivos, sentados, callados, pero presenciando lo ocurrido. Más allá de los diálogos, su silencio profundo (sólo quebrado por algunos momentos de música) materializa la sensación de lo forzosamente oculto.
En la búsqueda de una continuidad entre el público y la acción, las butacas se encuentran a los lados del escenario, enfrentadas, con la disposición de un tribunal que también observa y juzga. Las miradas se centran en la escena, pero se cruzan de lado a lado, de modo que todos los presentes están a la vista. La parilla de luces cambia estratégicamente su ubicación superior tradicional, para iluminar a los personajes desde los costados con una fuerte luz blanca que los apuntala, remarcando la posición del acusado que testifica. En los diálogos la reflexión es sobre los derechos, en los que todos están incluidos. Ferreira logra una puesta que sigue la búsqueda de esa universalidad añorada en los textos de Sánchez.
En ambas obras existe un elemento disfuncional al interior de la familia clase media: la joven embarazada fuera del matrimonio y la esposa portadora de una enfermedad incurable. Ambas siembran el desequilibrio y despiertan los prejuicios del mundo exterior, mientras añoran desesperadamente la protección. El trabajo actoral desplegado por Alejandra Wolff (la esposa enferma) y Sandra Américo (la joven embarazada) está cargado de una contundente dureza emotiva y alcanza la representación exacta de ese desequilibrio. Los acercamientos y contactos físicos hacia estos personajes se polarizan entre los puñetazos y el abrazo protector. Y es que en el planteo, donde el cuestionamiento del statu quo está en la base de sus situaciones personales, las decisiones individuales juzgarán hacia qué polo afiliarse.
En ese proceso de enjuiciamiento otro testigo omnipresente ocupa el rol de espejo de la realidad y de la mirada externa: la prensa. En Nuestros hijos las noticias policiales despiertan la reflexión del padre de familia sobre la nueva situación social de los hijos nacidos fuera del matrimonio, y en la puesta escénica -como pilares- los diarios organizan y rigen el movimiento de los personajes. No azarosamente el programa es un símil de un diario capitalino que en su interior contiene noticias sobre la discusión del aborto y la eutanasia, conflictos sobre los derechos a la maternidad y a la salud de nuestra época.
El director cuida todos los detalles y así alcanza una puesta comprometida con el texto original. Un hombre bueno en una historia terrible vuelve a demostrar que Ferreira traslada el drama interior de sus personajes a todos los elementos utilizados para la escena, como lo vimos últimamente en Kiev y El viento entre los álamos. Logra así textos escénicos unificados por una visión autoral clara, que entiende la capacidad expresiva y la pertinencia de cada decisión estética.

Textos:
Florencio Sánchez

Dirección:
Mario Ferreira
Reposición: A partir del 29 de febrero en el 1º piso del Palacio Salvo. Viernes y sábados 21 hs. Domingos 19 hs.





15 de enero de 2008

Quitamanchas: Pupilas en la nada, neurosis en la vitrina

De exhibir se trata. Cuatro mujeres que hablan de cara al público y exponen: sus dramas, sus miedos, sus deseos, sus planes, sus frustraciones. La exposición es doble, y un tanto cruel, cuando un piscoterapeuta reafirma y explica (se regodea) en esas desgracias. Las cuatro protagonistas se alternan de pie sobre unas tarimas del escenario, que, como en vitrinas, se colocan a la vista de todos. Desde esa decisión escénica la intención se aleja de una posible compresión de sus relatos, para dejar a los personajes desvalidos, casi desnudos y sin chances para defenderse.
Una influencia almodovariana flota en la escenografía (con diseños coloridos que recuerdan la estética pop) y en la idea que quizá impulsó a Sofía Etcheverry a la escritura del texto. No quedan dudas de que sus personajes femeninos están al borde de un ataque de nervios. Pero a diferencia de las historias filmadas por el manchego, en Quitamanchas la neurosis de los personajes se muestra en un texto escénico distante que no alcanza, en su desarrollo, un involucramiento autoral, ni total ni parcial.
La ambientación y el vestuario retro sólo son un telón de fondo inexpresivo, más allá de “lo cool”. Lo central parece ser el discurso de las mujeres que entran y salen a escena que, contradictoriamente, toma y pierde su valor desde la verborragia. El discurrir de sus relatos se ve truncado en varias oportunidades por las acotaciones al margen del psicólogo, que en tono de burla e ironía les resta importancia. Como un respiro, varias coreografías también interrumpen las narraciones y además de incorporar la infaltable presencia corporal del teatro joven, intentan ser una extensión de la neurosis representada.
En un recorrido por los diferentes roles femeninos estigmatizados se entreteje una relación familiar conflictiva entre madres, abuelas y hermanas. En la ficción representada fluye una simulación: una sesión de terapia en la que el público ocupa el lugar del “que escucha”. En la propuesta central de escuchar al otro la puesta falla y se debilita: titubea entre un acercamiento y una toma de distancia, sin saber hacia cual de los dos polos dirigirse.
El desplazamiento físico de los personajes hacia las butacas donde interpelan directo al público y los cuatro monólogos con su estilo improvisado conforman las fortalezas de un texto que, sin embargo, muere al arrancar vuelo. Es que en Quitamanchas las pupilas se quedan en la nada y con ganas de ver lo que sigue.
Autora: Sofía Etcheverry
Dirección: Sofía Etcheverry
En cartel hasta diciembre de 2007 en el Teatro del Museo Torres García

4 de enero de 2008

Teatro en enero


El 10 de enero se estrena Las Presidentas de Werner Schwab dirigida por Marianella Morena. La obra estará en cartel hasta el 10 de febrero en la sala Undermovie del Montevideo Shopping, los viernes y sábados a las 22 horas y los domingos a las 20 horas.
El elenco está conformado por Estela Medina , Gloria Demassi y Levón que representan a tres mujeres envejecidas, solas en su pequeño universo, para el que añoran un futuro mejor. Es la primer obra del escultor y dramaturgo austríaco Werner Schwab (1958-1993) y en ella explora la condición de las clases sociales bajas de Austria y el peso del vínculo con el pasado nazi. La obra, irónica y provocativa, forma parte de la serie Dramas fecales en las que incluyó Las Presidentas, Exterminio, Exceso de peso y Mi cara de perro.
La obra trae nuevamente a escena la dirección de Marianella Morena frente a un elenco de actores de gran trayectoria, y es la oportunidad para que Medina y Levón participen de un proyecto por fuera de la Comedia Nacional. Además regresa a las tablas a la actriz Gloria Demassi luego de su alejamiento del elenco oficial a inicios del 2007.

19 de diciembre de 2007

Dos libros en el año


Teatro Rioplatense. Cuerpo, palabra, imagen
El libro Teatro Rioplatense. Cuerpo, palabra, imagen fue presentado el 11 de setiembre de 2007 en el Foyer del Teatro Solís. Fue editado por el profesor e investigador Roger Mirza, acompañado de un consejo editor conformado por Hiber Conteris, Emilio Irigoyen y Gustavo Remedi. Reúne bajo el subtítulo: La escena contemporánea, una reflexión impostergable, los trabajos expuestos en el I Coloquio Nacional de Teatro realizado en el 2005 y organizado por el Departamento de Teoría y Metodología Literarias de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República).
La edición de este libro puso sobre la mesa nuevamente, tras el coloquio que le dio vida, la necesidad de generar más espacios de reflexión acerca del arte escénico rioplatense, así como promover una historiografía sostenida de la actividad. Es un excelente registro analítico del pasado y el presente teatral en Uruguay y Argentina, que da un primer paso firme hacia los fines propuestos.
La división en cinco capítulos que abarcan: Teoría del teatro; La escena Argentina: de Discépolo a Spregelburd; Teatro, Estado y Sociedad en Uruguay; Dramaturgia y puesta en escena en Uruguay y La voz de los creadores, propone una exposición que es clara y que explora la historia, el teatro como fenómeno social, la gestión cultural, los contenidos creativos y las ideas de los propios creadores. Entre la extensa lista de expositores se encuentran: Jorge Dubatti, Graciela Sapriza, Emilio Irigoyen, Daniel Vidal, Sergio Blanco, María Esther Burgueño, Carlos Liscano y Ricardo Prieto.
Desde diferentes miradas se aborda la escena contemporánea, para comprender sus transformaciones y la fuerte presencia del cuerpo y la imagen en su construcción. En ese acercamiento Gabriel Calderón, por ejemplo, expone sobre caos y vacío en la dramaturgia joven y Marianella Morena explica por qué la palabra está de duelo.
La prolífica actividad teatral exige un alto para poder digerirla. Este libro lo impone como actividad vital que no puede esperar y entrega a todo lector herramientas para alcanzar la propia reflexión. Mirza afirma en el prólogo: “Porque creemos que los discursos críticos, el ejercicio de la capacidad analítica, el registro de la actividad creadora de una sociedad y su elaboración en un espacio común son condiciones necesarias para el crecimiento de esa misma capacidad creadora, en una retroalimentación mutua.” Bajo esa premisa Teatro Rioplatense. Cuerpo, palabra, imagen es un libro impostergable para todo interesado en el teatro.
Roger Mirza (Ed), Teatro Rioplatense. Cuerpo, palabra, imagen.
Montevideo: Universidad de la República. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Teoría y Metodología Literarias, 2007
414 páginas

La escena bajo vigilancia. Teatro, dictadura y resistencia

El último libro de Roger Mirza, director del Departamento de Teoría Literaria de la Universidad de la República, fue presentado el 18 de diciembre en el Foyer del Teatro Solís. La presentación estuvo a cargo de María Esther Burgueño, Carlos Liscano, Marcelo Viñar y Emilio Irigoyen. Al finalizar las exposiciones fueron representadas escenas de Los cuentos del final de Carlos Manuel Varela y Sacco y Vanzetti de Roli y Vicenzoni, como ejemplo del teatro que se vivía en el período de la dictadura.

La escena bajo vigilancia. Teatro, dictadura y resistencia es una edición de Banda Oriental y reúne la investigación que Mirza realizó para su tesis de doctorado en la Universidad de Buenos Aires. El exhaustivo trabajo de investigación analiza el microsistema teatral de la resistencia en el período de 1973 a 1984. Mirza presenta en la introducción la guía de su estudio: “la hipótesis que se buscó verificar es que la actividad teatral logró crear –como el canto popular- un discurso alternativo frente al discurso del poder hegemónico durante la dictadura; un discurso que se expresaba sobretodo en el nivel espectacular, en el vivo intercambio comunitario de la representación, en un plano casi físico de conquista de un espacio, como resistencia frente al discurso del régimen autoritario(...)”
En un total de once capítulos se expone la teoría del teatro como arte y práctica social, la periodización y caracterización del sistema teatral en el período de dictadura, la formación del teatro militante en la década del 60 y el camino hacia el teatro de resistencia durante la dictadura, los efectos de la censura, y un análisis del espacio, los héroes y antihéroes como nuevos paradigmas. Como apéndice y como joya de sistematización de datos el libro presenta una cronología de estrenos teatrales en Montevideo de 1973 a 1984.
La publicación de este estudio significa un invalorable aporte a la historia del teatro nacional, así como un completo legado informativo para las próximas generaciones. Se edita en el marco de la futura creación de una Maestría en estudios teatrales en la Universidad de la República, gran paso en el atrasado sistema educativo del Uruguay.

Roger Mirza, La escena bajo vigilancia. Teatro, dictadura y resistencia.
Montevideo: Banda Oriental, 2007
377 páginas

30 de noviembre de 2007

Harold y Bety: Diálogos solitarios

“La vida es inherentemente absurda”
Albert Camus
Un naufragio obliga a Harold y a Bety a convivir durante años en el perímetro de una isla desierta. Del desconocimiento a la creación de un vínculo forzoso, somos testigos de la construcción de un espacio propio, a partir del espacio personal de cada personaje, en procura de la sobrevivencia física y mental. Verónica Perrotta y Pablo Albertoni crearon esta historia tragicómica y resultan ser, además, los mejores actores para interpretar los claroscuros de estos extravagantes seres.

La premisa del absurdo recorre todas las situaciones a las que los personajes son enfrentados, así el humor matiza el fuerte patetismo que define sus existencias. La elección de un círculo como escenografía sitúa a los personajes en un territorio limitado, del que serán únicos habitantes humanos, y en el que desarrollarán su conquista en el intento de una convivencia civilizadora. En la isla la contradicción conduce a lo absurdo y lo impregna todo: el lugar que los protege los aliena, la vida salvaje choca con el vestuario glamoroso al que acceden, el lastre de las correcciones sociales pugna con la liberación de sus propios instintos.

Desde una tabla raza inesperada, los personajes intentan dar sentido a sus existencias y a su nuevo mundo. La ventaja (y desventaja) del punto cero es que todo está por imaginarse. En la construcción del vínculo abundan los conflictos y la creación surge como mecanismo de defensa. El espacio de lo propio adquiere poco a poco sus rutinas, sus costumbres, y hasta un nuevo lenguaje a modo de desesperada necesidad de autoafirmación. Se establece una clara frontera entre el adentro y el afuera. Harold y Bety esperan y esperan a ese alguien desconocido que los venga a rescatar, pero con el tiempo ese agente externo será una presencia amenazante del lugar propio.

La construcción del texto desde el absurdo lo tiñe de una aparente nulidad, pero las que parecen dos vidas sinsentido sólo denuncian el sinsentido de su alrededor. Con diálogos inteligentes y situaciones delirantes Harold y Bety logra en escena equilibrar las tensiones opuestas de la tragicomedia. El director, Ramiro Perdomo, no pierde de vista esa premisa e impone la dureza de lo grotesco en la exaltación de los gestos, los movimientos corporales, los gritos (alaridos). Logra en escena cambios bruscos de atmósfera enfatizando una iluminación de tonalidades fuertes que acompaña los cambios abruptos del estado de ánimo de los personajes. A modo de experimento, como lo hiciera Beckett con Didi Y Gogo, nos queda el observar el correr del tiempo y la espera en estos entrañables personajes.

Texto: Verónica Perrotta y Pablo Albertoni
Dirección: Ramiro Perdomo

En Cartel, Miércoles 21:00 hs. Sala Atahualpa. Teatro El Galpón

19 de noviembre de 2007

Entrevista con Santiago Sanguinetti y Yamandú Fumero directores de Limbo

LA EXPERIMENTACIÓN EN LA BUSQUEDA DE LA PROPIA VOZ
Santiago Sanguinetti (22) y Yamandú Fumero (24) son los directores de Limbo, obra invitada por el Teatro El Galpón y ganadora del proyecto MEC 2007. Ambos cursan 4º año en la EMAD y forman parte del grupo Efímero Teatral Sapere Aude. Entretablas conversó con los autores sobre su primer obra en cartel, la dramaturgia joven y la búsqueda de espacios de expresión.
¿Cómo surge la idea de escribir Limbo?
Santiago Sanguinetti_ Nace a partir de poemas míos que escribí cuando tenía 18 años. A los 20 años quise empezar a escribir una obra de teatro y la única materia que tenía eran esos poemas que me habían marcado mucho.
El limbo es un espacio indefinido, cuestionado, que los propios católicos no saben si existe...¿por qué escenificar ese espacio?
Santiago_ Fue interesante enterarme después de escribir la obra que la propia Iglesia había suprimido el limbo, pero eso fue una casualidad posterior. La idea básica fue tomar al limbo como una metáfora del tiempo estancado y de la eternidad de un momento. Ese espacio busca ser una especie de alegoría de los tiempos que corren. Es decir, del poder de las imágenes y de todo lo efímero, que se asocian al concepto de posmodernidad. El estar siempre acribillado de imágenes no te deja tiempo de procesar nada y eso hace que muchos hablen del fin de la historia. Me interesó plasmar en el texto el poder del instante, el poder del momento. Eso lo quisimos llevar a una metáfora, no diría religiosa, pero con cierto contenido litúrgico. Limbo maneja sobretodo la idea de lo que nunca cambia, de lo que siempre es así. En el caso del hoy podemos decir que todo es presente, todo tiene las fuerza del ahora. Quisimos reflejar la profunda dificultad del cambio en el tiempo, la problemática que tenemos para llegar a un mañana que nos deje algo profundo.
En los diálogos de los personajes aparecen muchas preguntas de corte filosófico, grandes cuestiones que muchos estudiosos se han planteado y siguen sin respuestas ¿Eso responde a alguna formación fuera de la EMAD?
Santiago_ Ambos estudiamos literatura. Algunos compañeros del IPA que vieron la obra me dijeron que se nota que está escrita por un estudiante de literatura, por los distintos nexos que tiene con otras obras literarias. Por ejemplo hay menciones escondidas al Arcipreste de Hita del S. XIV en el parlamento de la muerte: “Muerte, muerta seas, muerta y malandante es un pasaje del Libro de Buen amor y tiene otras citas que son guiñadas para el que lo sepa descifrar. En ese sentido manejábamos en los ensayos la idea de un teórico que dice que una obra tiene que ser creada pensando en el espectador, para un ciego, para un sordo, para un niño y para Borges, como el hombre que se leyó todos los libros.
Yamandú_ Limbo es una obra muy literaria, con textos muy poéticos y el desafío para nosotros fue cómo teatralizarlo, cómo llevarlo a la acción. Hay escenas en que los textos son largos y muy poéticos y el desafío fue buscar un contraste para que fuera más teatral.
¿Cómo fue esa búsqueda en los ensayos?
Yamandú_ Fue en base a la experimentación. En eso tiene mucho que ver el rol de los actores. En nuestro caso también actuábamos y estábamos en dos planos. La obra fue surgiendo mediante juegos y cambios entre los dos, más que nada de la improvisación.
¿La idea de incluir a los dos músicos en la escena surge de esa experimentación?
Santiago_ No estaban pensados en el texto original, pero después de haber reflexionado vimos que la música le podía dar más entrada a aquella gente que le pudiera chocar un texto hermético por momentos. Creímos que los músicos podían ayudar a crear climas que el texto no sugería con facilidad.
Yamandú_Otra cosa que incluimos para tratar de contrastar con lo poético fue el humor. Buscamos algunos momentos de absurdo-comedia en los personajes de Pos e Ishta.
Me mencionaron que los personajes que interpretan ustedes, Pos e Ishta, fueron incluidos más tarde en la creación de la obra. Justamente cada vez que intervienen generan un quiebre notorio, introducen la duda y el humor ¿por qué un personaje narrador y otro que representa a la muerte?
Santiago_ Peter Brook en una escena del documental Brook por Brook mira a la cámara y dice: “uno de los momentos más interesantes en el cine es cuando el actor mira directamente a la cámara y no se explota y para mi es uno de los momentos más mágicos que hay.” En el teatro cuando un actor le habla al público también es uno de los momentos que me gustan mucho. Pos te cuenta una historia, pero te está diciendo que es teatro y que vas a compartir un momento y te lo dice mirándote a la cara.
Yamandú_ Eso diferencia al hecho teatral porque en el cine el momento ya está filmado, pero en el teatro es ese día, en ese momento y te estoy hablando a vos.
Santiago_ El personaje de Pos, el narrador, nace por un deseo de explorar eso y además por el temor de que quizás la historia no quedara tan clara. Hay parte del desarrollo que en la obra la escondemos constantemente, pero ayudamos a develarla con el programa al final, con esos recortes de diario en donde cada uno puede entender lo que quiera. El personaje del narrador tira líneas de interpretación como para que sea un poco más entendible. Reconozco que a veces puede ser un poco reiterativo con respecto a lo que pasa.
Con respecto al personaje de Ishta veo que las personas que viven en ese limbo se preguntan muchas cosas y no saben para dónde van, y aparece el personaje de la muerte que las trataría de conducir...
Santiago_ Y no sabe a cuál llevarse.
De alguna manera introduce una nueva duda...
Yamandú_ A su vez él tampoco es la muerte. En el texto se va descubriendo que es la historia de una familia y que todo es un juego. Los personajes están tan aburridos que juegan a que los vengan a buscar.
Santiago_ En la historia de fondo hay una familia formada por un padre y tres hermanos. Ellos mueren y quedan en ese lugar repitiendo esos primeros errores. Como la muerte no los ha venido a buscar juegan permanentemente. Las hermanas son las que hacen dudar a la muerte. La obra es ese juego. Por momentos no queda claro, y me gusta que no quede claro, que las dos hermanas y Pos son tres hermanos con otros nombres.
Entonces el hecho de dar el programa al final está predeterminado para que el público no llegue con esa información previa.
Santiago_ Sí, y tiene que ver además con el tiempo de la obra. Me gustan las obras que empiezan antes de ese apagón mágico. Que el personaje te espere antes de entrar es como la bienvenida al momento donde se va a compartir algo, y el entregar los programas al final es como que te llevás la obra un poco contigo, y la seguís reconstruyendo una vez que te vas.
¿Tuvieron alguna influencia del trabajo de otros dramaturgos al crearla y al llevarla a escena?
Santiago_ En esta obra específica no, pero la escribí siguiendo el consejo de un autor chileno que me encanta, Marco Antonio De la Parra, que en Cartas a un joven dramaturgo dice que todo dramaturgo tiene que experimentar hasta encontrar su propia voz. Yo creo que no volvería a escribir una obra como Limbo, de hecho he escrito otras que son bastante diferentes. Limbo no tiene una influencia directa de un autor dramático pero sí sigue ese consejo de tratar de encontrar la propia voz dramática.
¿Cómo surge la posibilidad de presentarla al proyecto del MEC?
Santiago_ Al principio íbamos a hacer la obra en el teatro del Mercado de los artesanos y lo clausuran por riesgo de cortocircuito. Después pensamos hacerla en el Mincho Bar y a poco tiempo de estrenar nos enteramos que en el Mincho no hay ninguna de las habilitaciones necesarias para hacerla. Luego la íbamos a hacer en el Espacio Cultural del Mercado de la Plaza Cagancha pero fue difícil de conseguir. Entonces Coco Rivero, nuestro profesor, nos dijo que iba a salir este proyecto para obras que ya estuvieran armadas y la presentamos. Ahora la estrenamos en la sala dos del Teatro El Galpón el 20 de octubre y va a estar hasta el 16 de diciembre.
¿Cómo han recibido las reacciones del público ?
Yamandú_Es una obra muy especial, o te gusta o la odias.
Santiago_ Tuvimos personas, en alguna función, que estaban en la primera fila y cuando Yamandú en una escena gritando dice: “¡Basta! Se acabó” y todo queda en silencio...se escucha que una señora dice: “qué manga de locos”. Y Yamandú sigue su parlamento y dice: ¡Basta se acabó!, otra vez, y la señora dice: “si, menos mal que se acabó”.
Yamandú_ Los silencios de la obra provocan cosas. En un momento de la obra hay un silencio largísimo, como de tres minutos, y escuchamos a una señora que decía: “Se incendia Rodolfo, hay velas, nos vamos a morir todos”.
Santiago_ Por otro lado, en la obra me pregunto y hablo sobre la vida, y luego pienso que le estoy hablando de qué es la vida a gente de 80 años y yo tengo 22.
Pero me parece que la obra más que explicarte qué es la vida te traslada la pregunta...
Yamandú_ Sí, creo que no está tan marcada, pienso que te dispara ideas.
Santiago- Me pasó con una profesora de francés con muchos conocimientos teóricos que me dijo que el texto tenía mucho de Sartre, y yo no lo leí para hacer esta obra. Creo que lo que uno escribe luego lo sobrepasa y queda la interpretación personal del que sabe más y la disfruta más.
Desde la generalización tan mencionada de teatro joven, donde las puestas por lo general son muy fragmentadas, me llama la atención que la suya apele a un plano fijo. ¿Cómo ven ustedes a ese teatro llamado joven, se sienten parte de un grupo?
Santiago_ Eso que mencionás sobre lo cambiante, nosotros lo quisimos reflejar sobretodo en el texto. Lo que hicimos diferente fue mostrarlo en el texto, donde hablamos permanentemente del clip, lo light, de que todo pasa sin dejar nada sólido y sin embargo, estamos fijos todo el tiempo ahí en escena.
Yamandú_ El texto es laberíntico. Se dice lo mismo pero por diferentes caminos todo el tiempo.
Santiago_ Yo no sé hasta qué punto conviene hablar en términos de teatro joven, quizás tenga que ver con la sensibilidad de cada uno. Yo jamás hubiera hecho Limbo un ritmo vertiginoso en escena porque tiene que ver con nuestra sensibilidad y con el tipo de historia que queríamos contar.
Yamandú_ Y lo hicimos escapando a lo impuesto por el teatro joven que es muy institucional. Te dan un espacio, pero no podés dedicarle tiempo. Estuve trabajando en esas condiciones y tenés que llegar, armar rápido tus cosas, terminás y te vas y entonces son otro tipo de obras, no te podés instalar. Limbo requiere tener tiempo para generar climas. En teatro joven tenés que hacer obras que montás y desmontás en quince minutos, te dan la sala pero hay facilidades que no te las dan.
Santiago_ Con esta obra en particular, no estamos siguiendo ese camino de lo dinámico, que para mi está buenísimo y me sirve para pensar en futuras experiencias. No sé hasta qué punto el público de este tiempo está preparado para silencios enormes como los de Limbo. En algún silencio hemos escuchado: “¡por favor!” Además al ser una propuesta de jóvenes tal vez la gente ya se acostumbró a un dinamismo propio de la época y esperaba ver eso.
Yamandú_ Los silencios de Limbo son para provocar al espectador y están bastante medidos. Quizás en otras obras de teatro joven se busca también provocar, que está bueno, pero a veces no explican por qué provocan. Se hacen puestas para provocar y se provoca de quince formas diferentes y eso bueno si es justificado, y si la obra lo amerita.
¿Van a seguir con otras obras, como una especie de compañía?
Santiago_ La idea es seguir, ya tenemos algunas obras en vista.
¿Estás en la escritura de otros textos?
Santiago_ Si, este año por suerte otra obra que se llama Esquizofrenia recibió una mención honorífica en el concurso de la IMM y también gané una mención honorífica en el premio anual de literatura y una mención de COFONTE con Fuga de ángeles, que es mi segunda obra, mucho más carnal que Limbo.
¿Cual es su percepción del teatro que se está haciendo ahora, no del teatro joven sino en general?
Yamandú_ Veo una obra buena cada tanto en cartel y otras con las que no comparto el estilo. Veo que el teatro nacional no está en su mejor momento. Proporcionalmente con tantas obras en cartel sólo una obra no es un buen resultado.
Santiago_ Yo pienso que este año Gatomaquia me partió la cabeza. Lo que hace Calderón también me llega.
Como jóvenes que recién empiezan ¿cómo perciben la generación de espacios de expresión?
Santiago_ Nosotros pasamos por muchas peripecias con Limbo para intentar estar en algún espacio, pero de todas formas pienso que cada vez hay más, al menos recibo noticias de espacios teatrales que se abrieron. En relación a la población hay mucha gente que hace teatro y muchos espacios y oferta. Esto que el MEC hizo con El Galpón y El Circular lo va a abrir a todos los teatros afiliados a FUTI (Federación Uruguaya de Teatros Independientes).
Yamandú_Está bueno que haya iniciativas nuevas y que tengan estos apoyos, porque sino se trunca ese impulso, y con el apoyo se va para adelante.
Santiago_Creo que hay algo en ebullición que está buscando un lugar y cuando algo está bueno eso también llama a los lugares.

Limbo: La resistencia de lo eterno

“Dudar sobre la vida es estar más vivo que nunca”
Grupo Efímero Teatral Sapere Aude
El limbo es un espacio y un tiempo, sin espacio y sin tiempo. Es el lugar de lo indefinido, lo que no está en ninguna parte, lo que vaga sin rumbo fijo, y es el tiempo que no pasa, que se repite infinitamente hasta convertirse en eterno. La obra dirigida por Santiago Sanguinetti y Yamandú Fumero nos sitúa frente a esa frontera vacía, en un plano que es fijo, que no evade la mirada sino que la concentra y que, siendo creación de dos artistas jóvenes, no apela en la puesta a lo fragmentario sino a lo permanente.
Dos personajes, Señorita Vodka y Señorita Margot, habitan en este espacio lúgubre donde las dudas y las preguntas existenciales abundan: ¿están vivas o están muertas? Aparentan vivir en una pena eterna, extraviadas, abandonadas, sin definición ni destino. El encontrarse en un no lugar no les permite definirse ni identificarse, por tanto se desconocen mutuamente.
Pararse desde el limbo para escribir un texto teatral parece ser un acto de rebeldía o, mera coincidencia. La existencia del limbo ha sido cuestionada por la propia Iglesia católica y su actual Papa Benedicto XVI. A su vez, escenificar el reino de lo inmóvil es una postura creativa que corre en contra de la actual era del zapping que invade casi el cien por ciento de los planteos estéticos del teatro joven. Coincidencia o no la puesta provoca al espectador desde su propio título.
En Limbo la escena se inunda de hojas secas que tornan el ambiente de un color ocre. Las tenues luces de unas pocas velas iluminan lo necesario y dejan asomar el peso de las penumbras. Una casa derruida es el signo de lo presente, de lo que vemos y seguiremos viendo constantemente como lastimoso tiempo actual. En ese presente se mezclan las angustias del tiempo pasado y también las que provoca un futuro que se espera, pero que nunca llega. Los personajes y los músicos que habitan en ese sitio lucen el tono de lo caduco y la pena eterna que los invade surge de los rostros y los sonidos que emiten.
Un diálogo entre Señorita Vodka y Señorita Margot se repite invariablemente en la búsqueda de un nuevo destino y de una explicación a sus existencias (o no existencias) Otros dos personajes, Pos (narrador) e Ishta (¿la muerte?), irrumpen en su rutina para encaminarlas quizás hacia otros rumbos más oscuros. Esos quiebres sólo generan más dudas. Entre los cuatro personajes se establece un gran juego de preguntas existenciales que parecen nunca encontrar respuesta.
Limbo recrea un tiempo y espacio alterno desde el que se cuestiona lo real. Con un texto, por momentos, excesivamente poético, provoca desde la propia escenificación del espacio, sin necesidad de más palabras. La obra, que es espectáculo invitado en el Teatro El Galpón, recibió una Mención Honorífica en el Concurso Literario Municipal 2006 y fue ganadora del Proyecto Mec Programa 2007.
Texto: Santiago Sanguinetti
Dirección: Yamandú Fumero, Santiago Sanguinetti
Teatro: Sala Dos Teatro El Galpón
En cartel sábados 21 hs y domingos 19:30 hasta el 16 de diciembre.