18 de diciembre de 2012

Bienvenido a casa





Acerca de un acontecimiento


El crítico y teórico argentino Jorge Dubatti define el teatro como un acontecimiento. En este 2012 -como todos los años- Montevideo tuvo cientos de estrenos con propuestas diversas e inabarcables. De todas ellas Bienvenido a casa, dirigida por Roberto Suárez fue el acontecimiento teatral del año. El boca a boca acercó a público habitual de teatro (que esperaba este estreno con ansiedad, como los niños esperan su regalo de cumpleaños) y también a muchos espectadores que, aunque no tan acostumbrados a asistir a una sala, salieron deslumbrados ante la entrega de aquel grupo de actores que dejaron alma y vida función a función. No es poco decir que ese mismo equipo levantó las paredes del teatro donde se realizó la puesta (la nueva sala del Teatro La Gringa, que siempre recordaremos por ser el lugar de estreno de Bienvenido a Casa) Ese poderoso sentimiento de apropiación se transmite al público desde un lugar de energía que no puede explicarse (ni quiere) teóricamente.

Las palabras sobran tal vez porque, como lo dice Dubatti, el teatro es acontecimiento, cultura viva y sin duda para el espectador de Bienvenido a casa primó la experiencia. Lo singular de esta propuesta fue el apostar a una convivencia durante dos días, el espectador se entregó y participó activamente del juego teatral propuesto. No sólo aceptó conscientemente compartir el aquí y ahora cuidadosamente creado por el equipo, adentrarse a ese universo otro, paralelo y alternativo, sensitivo y multiplicador; en muchos casos volvió a repetir la experiencia pues la explosión de expresiones y el rico ejercicio sensitivo de recepción que la obra planteó a su público hizo que valiera la pena volver a repetirse.

Puedo hablar muchísimo del trabajo del elenco, increíble en el logro de los estados emotivos y en la construcción de personajes complejos, sensibles y potentemente expresivos. Un elenco que agitó a la cartelera montevideana recordando que la fortaleza del teatro anida en su potencial vivo. Un elenco que movilizó sentimientos tan contradictorios como la risa y el llanto y que recordó que el teatro puede hacerte reflexionar mientras te entretiene. Todos ellos parados sobre una plataforma firme que fue el resto del equipo, sólido, unido, pasional. No es común ver el resultado de un trabajo con al menos dos años de ensayo. Eso habla de entrega, de profesionalismo y de pasión por lo que uno hace y esa combinación sólo puede resultar en una obra artísticamente comprometida y removedora.

No me canso de observar en detalle los afiches de Sebastián Santana y la coherencia estética y expresiva que mantienen con el proyecto, ni las fotos de Manuel Gianoni. Hay un trabajo estético y visual que complejiza al conjunto y no subestima al espectador. Desde el lugar de la recepción eso se agradece. La obra incluye a su público pues lo entiende parte necesaria para completarse. Y es que la vivencia en el teatro es al menos entre dos. “El teatro sabe” afirma el director y dramaturgo argentino Mauricio Kartun, el director Roberto Suárez y su grupo conocen sin duda ese saber y nos brindaron el acontecimiento teatral del año 2012.

Bienvenido a casa: Sebastián Barcia, Cecilia Bello, Luis Fernández, Francisco Garay, Manuel Gianoni, Ana González, Sergio Gorfain, Chiara Hourcade, Soledad Pelayo, Oscar Pernas, Mariano Prince, Mario Rodríguez, Nicolás Rodríguez, Sebastián Santana, Rafael Soliwoda, Gustavo Suárez, Inés Cruces, Roberto Suárez.

6 de abril de 2012

Entrevista con Ramiro Pallares: Extrañar lo habitual para generar opinión

Ramiro Pallares es actor, profesor de historia y comentarista de carnaval. Forma parte de la compañía de teatro La Carnicerì que está presentando su primera obra Mugre, de Gastón Borges, en la sala cero del Teatro El Galpón. Integra el elenco de Efecto Brecht (presentación final de la generación 2008 de la EMAD) dirigida por Fernando Toja que podrá verse con entrada libre en la Sala Verdi, el teatro Florencio Sánchez y la sala La Experimental de Malvín. Sobre sus ideas en torno al teatro y el carnaval, sus búsquedas actorales y su experiencia como analista de carnaval conversamos en esta entrevista.

¿Cómo fue tu acercamiento al mundo del teatro?

Desde niño mi madre me llevaba mucho al teatro. Empecé a hacer talleres de teatro en los clubs del barrio de forma lúdica. Cuando fui adolescente me conecté con Arteatro en dónde encontré una mezcla entre el carnaval y el teatro. Allí por el ‘98 se formó un grupo con el que nos presentamos a la Movida Joven. Vinculado a Arteatro estaba Alberto “Coco” Rivero que ese año salía en los humoristas Los Buby’s y comencé a tomar clases con él que fue quien me transmitió las ganas de hacer teatro de forma profesional. Al terminar el liceo estudié en el IPA profesorado de historia y dejé por cuatro años la actuación lo que me significó una crisis. Por el 2007 vi la versión de Gatomaquia dirigida por Héctor Manuel Vidal y me interesó el trabajo de aquellos actores que se expresaban desde un lugar de creación imponente. Allí me decidí a estudiar en la EMAD y creo que la escuela te define la vocación.

Formás parte de la compañía de teatro La Carnicerì ¿Cuándo surge y cuáles son los intereses escénicos del grupo?

Todos los integrantes somos parte de la misma generación de la EMAD. Pablo Musetti (que es el músico en escena en Mugre) nos propuso una idea para presentar en teatro joven que no se llevó a cabo. Después de esa reunión en la que participamos con Carolina Rebollosa, Gabriela Pérez, Pablo Musetti, Domingo Milesi y Gastón Borges, Carolina (que había leído el texto de Mugre) propuso que trabajáramos sobre él y nos dividimos los roles. Luego convocamos a tres compañeras de diseño que son de nuestra generación y trabajaron en el vestuario, la escenografía y la iluminación. Encontramos que todos teníamos muchas ganas de trabajar y había gran afinidad entre nosotros. La meta era presentar Mugre en la Movida Joven en el Teatro El Galpón. En esta propuesta nos concentramos en el trabajo de actuación y eso fue valorado por el jurado ya que con Carolina recibimos una mención por nuestras interpretaciones.

¿Cuál fue el planteo actoral que se propusieron en la escenificación de Mugre?


Cuando leímos el texto surgió naturalmente quién iba a interpretar cada personaje, de hecho Gastón escribió el texto pensando en nosotros. Empezamos a trabajar primero en los personajes antes de entrar al texto. Aplicamos mucho lo que veníamos trabajando con la profesora Mariana Percovich en la EMAD en nuestra investigación con Mi pequeño mundo porno de Gabriel Calderón. Domingo Milesi, el director, aportó su visión desde su formación y trabajamos sobre el comportamiento de los personajes, sobre sus vínculos, les buscamos las fisuras, las rarezas a estos personajes borders, investigamos sobre su comportamiento en relación al vestuario, los objetos y al espacio. Domingo nos planteó desde el inicio la propuesta del espacio con la idea de trabajar con sillas. Propuso delimitar una especie de alfombra en torno a esas sillas y generar una dinámica espacial en esos monólogos que se iban cruzando y fragmentando. En las conversaciones de ensayos nació la idea de ir fragmentando y superponiendo los monólogos, de instalar el juego de disociar actor y personaje, que los distintos personajes hicieran de los otros estando todos en el mismo discurso. En esta búsqueda incidió el trabajo sobre la dramaturgia contemporánea que veníamos investigando en la EMAD. Mugre se fue creando en la conversación de los ensayos y luego se ordenó en nuestras cabezas. Después de presentarla en la Movida Joven la obra siguió creciendo. La presentamos en Casa Tristán del Colectivo teatral Plim Plim, luego la presentamos en MEC programa y la hicimos en Arteatro. Ahora está los martes en la sala cero de El Galpón y seguirá durante el mes de abril. Luego de aquellas primeras presentaciones la seguimos trabajando porque la obra está cargada de un contenido metafórico permanente que necesitaba un orden mayor, para que sea comprensible.

¿Están pensando en un próximo proyecto?

El año pasado comenzamos a trabajar sobre otro texto de Gastón Borges que se llama La Cantante para un próximo proyecto que dirigirá el propio Gastón. Nuestra idea es estrenar esta obra a fin de año y mantener el mismo equipo de Mugre.

En otra veta de tu profesión te dedicás a comentar espectáculos de carnaval en los medios ¿Cómo te vinculás con el carnaval?

Mi vínculo con el carnaval es lejano en el tiempo. Mi padre es comentarista de carnaval hace 40 años, estuvo preso en la dictadura por sus comentarios de los espectáculos y fue jurado. Hay una tradición familiar en torno al carnaval y siento que mi gusto por la actuación tiene una conexión con esta expresión. En mi adolescencia conocí a Coco Rivero, que es un artista que trabaja en los dos mundos, y allí surgió una separación; me dije: “quiero hacer teatro”. Siempre fui a ver carnaval y trabajé como periodista pero nunca quise formar parte de grupos de carnaval. Creo que teatro y carnaval son dos expresiones que van por caminos distintos. Comencé a comentar carnaval en la radio desde los 14 años. Trabajé en CX 36 y radio Sport. Fui jurado del Carnaval de las Promesas durante varios años. En 2005 participé de un programa radial que se llamaba Cuidado los cabezudos en Radio Centenario, con Álvaro Carballo, Ana Laura De Brito, Guzmán Ramos y Fabián Cardozo. En ese programa intentamos valorar el análisis de los espectáculos por encima de la competencia, es decir, no hablábamos ni del reglamento ni de los rubros.

¿Qué herramientas de tu formación actoral te sirvieron para tu desempeño como analista de espectáculos de carnaval en el programa Todo Carnaval de TV Cuidad?

Mi formación en la EMAD me dio herramientas para desarrollar el análisis, pero siempre traté de no confundir. Es decir, puedo tener herramientas para el análisis de la puesta en escena, de los estilos de interpretación, pero trato de controlar el conocimiento como actor porque el carnaval está en un código diferente, es un lenguaje que tal vez tienda a caer en el efectismo. Al opinar busco ser dúctil, comprender que hay códigos que son válidos para el carnaval y utilizar el bagaje actoral para reflexionar sobre las propuestas para dirigirme a espectadores que tal vez no sean tan carnavaleros. Es difícil analizar en un ámbito como el carnaval donde hay mucha resistencia a la opinión.

¿Cómo fue la repercusión de tu trabajo como analista?

Tuve repercusiones positivas del público y de los conjuntos. También escribí en el portal de El País digital y tuve buenas respuestas sobre todo cuando hacía análisis transversales como al preguntarme: “¿qué pasa con las murgas?”, es decir, cuando tomaba distancia y me preguntaba sobre las cuestiones que están normalizadas en el carnaval. Creo que es bueno extrañar lo habitual para generar opinión y me parece que eso es lo que intenté hacer a partir de mis herramientas del teatro, siempre buscando los por qué y el desarrollo del argumento. Al criticar espectáculos no me interesa el reglamento ni lo que debería hacerse en función del concurso. Hay cierto porcentaje del público que espera conocer los pronósticos de los comentaristas en relación a quién piensa que va a ganar, pero eso es una lotería. Más allá de estas predicciones lo que me interesa analizar es el discurso artístico que hay arriba del escenario.

¿Pensás que carnaval y teatro son lenguajes distintos o que se complementan?

El carnaval es un arte escénico y en ese sentido está dentro de un espectro que es cercano al teatro. Creo que se trabaja en niveles de profundidad muy distintos. En el carnaval, salvo excepciones, no se trabaja en profundidad. En general hay estructuras prefijadas de lo que se debe hacer: llega un texto y se trabaja buscando una forma efectiva de llevarlo a la escena. Cuando se observa más riesgo o búsqueda es cuando llega un director que monta una puesta en escena para generar a nivel visual algo fuerte. En ese ámbito la gente de teatro se ha desarrollado más en carnaval. Pienso que desde el teatro los profesionales que ha tenido más éxito en carnaval son los directores como Coco Rivero, Mariana Percovich, Trochón, Bednarik y Varela. Ellos tienen un lenguaje teatral y se instalan en carnaval para crear un impacto en el planteo escénico. Si hablamos de actores no son tantos los que han pasado al carnaval y se han quedado en este lenguaje con gran repercusión. Creo que el público prefiere a las figuras del carnaval que a los actores de teatro que pasan al carnaval.

¿Observás que exista una invasión o un traslado de un lenguaje al otro?

Cuando en carnaval se habla de la invasión de lo teatral hay mucho prejuicio. Y cuando se habla de lo carnavalero en el teatro también hay mucho prejuicio. Esos discursos que dicen que el teatro es una expresión afectada, impostada, aburrida y dramática y que el carnaval es “terraja”, no se sostienen porque se basan en prejuicios. Hay que separar los lugares donde el teatro ha incidido más en el carnaval. El carnaval tiene cinco categorías y creo que lo teatral no se ha adentrado en una de las categorías (porque ya de por sí tiene un formato de género teatral) que es la revista, que es un género que ha sido siempre desvalorado. Este año Krisis es una revista que se formó con gente que viene del teatro y que ha intentado una búsqueda. En la categoría de humoristas Los Buby´s introdujeron en sus espectáculos una mirada teatral, pero ya no existen más y los humoristas que están ahora son bien carnavaleros en sus propuestas. En parodismo existió un momento en el que se entró en un camino de teatralización pero que quedó en la nada y con los grupos actuales la categoría se ha quedado en el efectismo. Las categorías que han recibido un impacto mayor del lenguaje teatral son las comparsas y las murgas. El trabajo sobre las puestas en escena es más notorio en las comparsas, donde trabajan los directores que ya mencioné. Antes las presentaciones en el Teatro de Verano de las comparsas eran consideradas como un género menor porque su fuerte se asociaba al Desfile de Llamadas. Creo que se generó una revolución de la categoría a partir de que se convoca a personas de teatro para dirigir las puestas en escena, que han creado en los últimos años muy buenos espectáculos. En las murgas es diferente porque ya de por sí tienen un código más definido, una identidad más propia. La murga tiene un componente súper teatral. Si recordamos el origen del teatro con el coro en la comedia griega tienen mucha conexión. Hay una analogía de la comedia griega con la murga porque en aquellas comedias se hablaba de la realidad actual, de la política de la polis, sus discursos eran duros con el gobierno, el coro interactuaba con un personaje y hablaba de la actualidad como lo hace el salpicón de la murga. Cuando llegó gente del teatro a dirigir murgas hubo una reacción de pensar: “se está teatralizando el carnaval”. Pero creo que la murga es el campo más fértil para la teatralización y hoy en día no hay murga que escape a ello. Estos nuevos directores generan un espectáculo más global, le aportan otras capas al movimiento, la puesta, el vestuario y es en ese sentido que veo lo teatral incorporado a la murga, aunque siguen siendo lenguajes distintos y específicos. Como artes escénicas están en el mismo territorio y pienso que los cruces son muy válidos porque fertilizan cualquier terreno.

¿En el ámbito del teatro contemporáneo tenés algún referente en dramaturgia, dirección y actuación?

Es difícil mencionar únicos referentes, sobre todo en el campo de la actuación. Puedo nombrar algún autor y director como Maurcio Kartún y Ricardo Bartís que también se relacionan con un estilo de actuación que me interesa. De lo que he visto por aquí que me interesó fueron las obras del chileno Guillermo Calderón y la argentina Lola Arias. Me interesó su exploración en torno a lo verdadero, pienso que logran una verdad en la escena que aquí es difícil de encontrar. Esas búsquedas nos ha influenciado como grupo en La Carnicerì: el intentar, más allá del estilo elegido, encontrar la verdad en la escena.

Mugre
Dirección: Domingo Milesi
Dramaturgia: Gastón Borges
Elenco: Pablo Musetti, Ramiro Pallares, Gabriela Pérez y Carolina Rebollosa
Diseño de vestuario, escenografía y luces:
Ana Chiara, Tatiana Keidanski, Paula Martell
Sala Cero, Teatro El Galpón, Martes de abril 21 hs.
http://www.lacarniceri.blogspot.com/


Fotografías:

Mugre, Ana Chiara. Efecto Brecht (Madre Coraje), Alejandro Persichetti. Mi Pequeño Mundo Porno, Gustavo Castagnello.



6 de octubre de 2011

La huella de Sepé: Un teatro 24 horas




La idea del proyecto partió de una búsqueda: un director y sus actores se lanzan a la ruta, una realizadora y su cámara-personaje los acompaña, el grupo comparte un itinerario basado en el periplo vital del último cacique charrúa Sepé. En ese tránsito (real y ficcional) entre el montaje teatral y el registro fílmico la pesquisa acerca de aspectos de la historia y de la identidad nacional encuentra su mejor expresión en un lenguaje puramente experimental. El resultado de este viaje-investigación es la serie La huella de Sepé que se emite por TNU los domingos a las 18:30 hs, a partir del 2 de octubre.

Como lo decíamos en alguna oportunidad, difícilmente pueda llegar a ser escrita la historia de un cacique charrúa. Sus nombres aparecen vinculados a episodios de mayor o menor relevancia, pero no hay cómo enterarse de otros pormenores o detalles de sus vidas. Bajo esos aspectos, el origen e historial del cacique Sepé resultan particularmente confusos.[1], afirmó el historiador Eduardo F. Acosta y Lara en un artículo sobre el linaje charrúa en Tacuarembó, del que se cree el último que llega hasta nuestros días es el de Sepé.
La gesta de este viaje en torno a la figura del cacique nació en 2009 cuando la compañía teatral Identidad Antídoto comenzó a crear la obra (que les da nombre) para presentar en el Cabildo de Montevideo en el marco del primer Festival Internacional de artes escénicas Setiembre escénico (octubre 2009). Su proyecto ganó una convocatoria del programa Laboratorio del MEC llamada ‘Tierra Adentro’ que premiaba proyectos de investigación escénica en el formato semi-montaje, basados en algunos tópicos históricos como los sucesos del año 1825, la figura de Artigas y los hitos que dieron inicio a la identidad uruguaya. Este proyecto unió al equipo de trabajo conformado por Yamandú Cruz (actor), Sergio Gorfain (actor), Lucía Fernández (realizadora audiovisual) y Rodrigo Spagnuolo (director, actor).
La particularidad que define a la compañía es la experimentación y la integración del teatro con el lenguaje audiovisual. El antecedente inmediato fue el Proyecto Quiroga, en el que participaron Yamandú Cruz y Sergio Gorfain (junto a un equipo entre los que se encontraban Roberto Suárez, Soledad Pelayo y Sebastián Barcia) experiencia creativa que integró la intervención teatral de la realidad con el lenguaje audiovisual en la región de Salto. “Cuando se conformó el equipo quisimos buscar un lenguaje experimental, forzar el lenguaje teatral para ver hasta dónde podía llegar y reflexionar sobre la historia y los orígenes de la identidad nacional”, afirmó el director Rodrigo Spagnuolo.
En aquella primera experiencia del 2009 con la puesta de Identidad Antídoto el equipo trabajó sobre la interacción directa con el público que compartía experiencias y anécdotas de sus vínculos con la historia e integró la idea de itinerancia, pues una serie de incidentes que le ocurrían a los personajes generaban el tránsito de actores y público desde el Cabildo hasta el bar Tasende. Además del concepto de itinerancia la propuesta de la compañía fue trabajar con incógnitas y generar la sorpresa en el público. “Desde el momento que ocurría un accidente que a los actores los afectaba (el Cabildo tenía que cerrar y el equipo se tenía que ir de allí), el público se ponía la obra al hombro entonces ayudaban con los cables, otros sostenían una computadora, etc. Se trabajó sobre la multifocalidad, pues había múltiples lecturas. Cuando llegábamos al espacio del bar estaba el antropólogo Renzo Pi-Hugarte en un programa de radio hablando sobre temas históricos vinculados a los sucesos históricos que se trataban en la obra (en particular el Abrazo del Monzón) El público participaba de esa conversación, hacía comentarios, se pasaban fotos, la cámara los filmaba y se amplificaba lo que ellos expresaban, eran parte del espectáculo”.
Como decisión creativa del equipo la cámara se presentó como un personaje más que se integró al público y a la dinámica propuesta por los actores. Al respecto sostuvo el director: “Proyectamos clips que eran parte de la experimentación, sobre instancias previas al semi-montaje de sesiones de rodaje que hicimos en la búsqueda de ficción (intervención con alumnos del liceo Miranda, instancia en la Radio Vilardevoz, etc) o sobre hechos que estaban sucediendo con el público en vivo. La cámara así pasó a ser un actor más, un personaje que estaba contando algo para compartirlo con el público.” La realizadora Lucía Fernández recordó que durante la puesta la cámara fue un elemento más con el que jugar y experimentar. La cámara proponía situaciones a los actores y se establecía un ida y vuelta, un diálogo natural.
Otra característica del proyecto fue la implicancia del espectador que participaba activamente, hacía comentarios, intercambiaba anécdotas y reflexiones. “La identidad es un concepto en constante transformación. Nosotros no podemos generar una definición de identidad, sería absurdo. Lo que quisimos fue crear un espectáculo que ejercitara al espectador en la dinámica de reflexionar sobre la identidad y poder revisitar la historia constantemente, vincular los hechos históricos y presentes, hacer un constante revisionismo”, dijo el director.
Comienzo del viaje
A partir de este semi-montaje, del que participaron tres personajes además de la cámara (el director, el actor 1 y el actor 2), surgió la necesidad de continuar con el proyecto de investigación. Esta vez los personajes partirían tras los rastros del cacique Sepé según explica su director: “Esos mismos personajes luego de la instancia del Cabildo siguen profundizando en el tema de la identidad, y llegan así a los pueblos nativos, los indígenas y los charrúas, dando con un personaje de las crónicas etnohistóricas que cautivó nuestro interés: Sepé.”
El director junto a los dos actores y la cámara se lanzaron a la ruta siguiendo el recorrido geográfico que el cacique vivió. El itinerario parte de Montevideo y toma a Salsipuedes como primer destino, ya que Sepé logró evitar la muerte en este sitio conocido por el ataque y la matanza de los indígenas charrúas a manos de las tropas dirigidas por Bernabé Rivera. La ruta recorre el departamento de Tacuarembó sitio donde Sepé vivió sus últimos años, pasa por el pueblo Bernabé Rivera en Artigas que toma su nombre porque fue allí donde Sepé le dio muerte al militar, recorre Yacaré Cururú también en Artigas, Tiatucurá en Paysandú, la localidad de Masoller en Rivera, y llega a Brasil (Río Grande do Sul) porque allí vivió Sepé durante diez años durante la Guerra de los Farrapos y donde se cree puede estar el cráneo del cacique.
En este recorrido los personajes intervienen la realidad e interactúan con personas de las localidades que visitan, entrevistan a académicos y lugareños que van conformando un relato diverso en torno a este personaje histórico. Lejos de tratarse de una investigación histórica el planteo de la compañía es abrir puertas a partir de la intervención de los actores con el medio. La realizadora Lucía Fernández afirmó sobre la experiencia: “Estos personajes parten desde la ignorancia sobre la historia. Entrevistan a historiadores, antropólogos, personas interesadas o vinculadas con el tema, y es desde el desconocimiento que abren las puertas para que los demás puedan hablar. Hay además una aceptación de todas las posturas.
Según el director el público va entrando con los personajes en el juego: “lo que se plantea es la fragilidad: son actores, no saben investigar. Desde el inicio tratamos de dejar de lado los prejuicios y preconceptos y eso nos permitió que opinen personas entendidas en el tema como reconocidos antropólogos o cualquier persona que encontramos en una plaza y que ambos, desde su lugar, colaboren y aporten algo al proyecto. Trabajamos desde esa fragilidad, por ejemplo, hay niños en las escuelas que nos guiaron en este camino”. La serie de diez capítulos contará con las intervenciones, entre otros, de Ernesto Michoelsson (profesor de historia e investigador), Mónica Sans (bióloga, antropóloga), Darío Arce (antropólogo), Gonzalo Abella (escritor), Bernardino García y su esposa (bisnieto de Sepé).
El grupo asocia la idea de antídoto al concepto de identidad (Antídoto Films es quien coproduce junto a TNU esta serie) Sobre esta postura Rodrigo reflexiona: “Los Estados latinoamericanos que tienen independencias recientes, buscan la identidad nacional como forma de unificarse, y en realidad cualquier definición de identidad queda caduca al día siguiente, por su constante evolución. Tal vez nuestra identidad es que somos todos distintos. El concepto de antídoto se vincula a la idea de que el arte es siempre liberador, cumple la función de abrir distintas perspectivas, sin ser una cuestión estática. La historia también puede ser así, quien la visita con emoción encuentra todo el tiempo nuevas lecturas a los hechos. Creo que el antídoto es ejercitarse en uno mismo ser el interprete de su identidad”.
Tal vez por ello una parte importante de este proyecto fue llevar, a través de los personajes, información de un lugar a otro. “En Tacuarembó la mayoría de la población tiene ascendencia indígena y hay distintos niveles de compromiso. Algunas personas muestran orgullo, otras comparten el misticismo del asunto, hay agrupaciones que reivindican los derechos. En todas las áreas hay un interés sobre el tema y en ese sentido los avances tecnológicos en el campo de la antropología están aportando constantemente nuevos datos a quienes les interesan estos temas. Ejemplo de ello son las investigaciones del grupo de arqueólogos del LAPPU que pudimos conocer en Pago Lindo, Tacuarembó, y que están realizando excavaciones en ‘cerritos de indios’ con el apoyo del gobierno español. Pudimos ver que acerca de los ‘constructores de cerritos’ hay múltiples opiniones en la población y estas irán variando a medida que se vaya aportando más información desde las esferas científicas. Acerca de este tema a veces nos hemos encontrado diciendo que el arte puede oficiar de articulador entre ciencia y sociedad, compartiendo información en ambas direcciones. Es por eso que constantemente estamos buscando en nuestro trabajo maneras de incorporar lo participativo en el lenguaje, tanto en las intervenciones en vivo como a través de la red.
Teatro 24 horas
Una vez iniciado el viaje Rodrigo, Sergio, Yamandú y Lucía (cámara en mano) trabajaron continuamente desde la piel de sus personajes en la intervención con la comunidad. Para Rodrigo “en el proyecto todo forma parte del teatro, intervenimos la realidad constantemente. Apareció un concepto que manejamos en todo el proyecto que es el del ‘teatro las 24 hs’. Cuando participamos de programas de radio y televisión locales, las personas con las que interactuamos veían que estaba instalado el circo y eso es lo que buscamos trabajar: el teatro 24 horas.
Para Lucía, quien acompañó a los actores desde el registro fílmico, lo que sucede con estos personajes es que hay una cámara que, como pantalla, es un marco de acción, pero la realidad es el verdadero marco de acción de estos personajes. “Por más que la cámara se apague o se entretenga en otros detalles los personajes siguen interactuando con las personas y la realidad, por eso hablamos de un teatro 24 horas. Una vez que se instalan los personajes y estamos en viaje el proceso es un continuo.” Acerca del modo de registro y continuando en la búsqueda de experimentación del lenguaje audiovisual aseguró: “La cámara no es como el ojo de un detective sino que entra en el juego de la propuesta actoral, es un ser vivo. Su ojo es el que cuenta la historia, además también interviene con diálogos, es un personaje más.”
Sobre las resonancias de este proyecto en las comunidades que visitó el director afirmó: “Hay mucho material que escapa a nosotros. Es lo que quedó en los lugares, en los sitios de internet, las radios, los canales. Esa es la verdadera investigación. En cada instancia nos planteamos qué ingrediente agregar, pero la raíz del proceso es algo vivo. Como equipo necesitamos que se difunda la serie antes de terminar este proyecto porque su repercusión nos dejará entender cuál es el verdadero escenario. Como instancia final nos proponemos llevar nuevamente una puesta teatral acabada a los lugares que visitamos en este recorrido”.

[1] Eduardo F.Acosta y Lara. “Un Linaje Charrúa en Tacuarembó”(a 150 años de Salsipuedes), Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias, Serie Ciencias Antropológicas, Vol 1 Nº 2, Montevideo, 1981.

13 de diciembre de 2010

Entrevista con Florencia Lindner: El teatro como red de discursos

Con 28 años Florencia Lindner es una directora con una metodología de trabajo bien definida. Egresada de la Escuela de acción teatral Alambique, cursa actualmente su 2º año en la EMAD y forma parte del grupo Invasivo Teatral. Desglosando los diferentes discursos del hecho teatral trabajó junto a sus actores (Gabriela Umpiérrez, José Ferraro y Elisa Fernández) sobre su texto Habitación 105 impresiones sobre Alicia Lidell y el País de las Maravillas. Acerca de su interés por la fotografía, sus métodos de entrenamiento actoral, su trabajo sobre el espacio y su postura frente al teatro conversamos en esta entrevista.


¿Cómo nace tu interés por Carroll y por Alicia Lidell?

Terminamos la materia Producción en la EMAD y nos reunimos para ver qué nos interesaba trabajar. Todos coincidimos en temas que estábamos leyendo. Yo leía sobre los pedófilos y los escapes del voyeur, los demás del equipo estaban leyendo sobre Carroll. Así fue que nos interesó trabajar sobre él. Empezamos a indagar y me pareció que Carroll era interesante desde un montón de lugares y es que creo que deviene de la misma manera que cualquier persona: su vida, sus gustos, sus prácticas y su inteligencia las vuelca en una práctica artística.
Carrol escribió aquel cuento porque conoció a esta niña y se enamoró de ella (en la mejor de la ley) y decidió regalárselo, y ese fue el punto que a mí me interesó. Me interesé sobre todo lo que se dice con respecto a eso, todo lo que se cree sabe. Me sorprendió mucho, cuando leí sus diarios, descubrir que es un hombre adorable en sus escritos y me atrapó ese engaño que genera: ¿quién es el que escribe y quién es la persona? ¿Es el mismo?
Quisimos adentrarnos en profundidad en ese puente entre el cuento y la maravilla que causa, en todo su devenir y en su realidad, es decir, trabajar sobre el horror de esa familia y cómo se separaron después de que él le pidió matrimonio a Alicia, toda esa aberración. Me pregunté ¿qué es eso? Era un hombre mayor y todo su conflicto y me interesó ver del contexto de su época qué herramientas eran contemporáneas. Decubrimos que Carroll realmente sentía admiración y distancia por la niña. Quisimos irnos para ahí, tratar de acercarnos lo más posible a la utopía de estar en ese lugar.

¿Qué elementos de esa relación descubrieron para trabajar en la puesta?

En la investigación aparecieron varios parásitos de la historia como el catolicismo, el protestantismo y la fotografía. Es decir, todos los parásitos que hacen en definitiva la obra. Vimos que existían puntos de la realidad que coincidían mucho con el texto y en ellos fue donde me interesó trabajar: en esos puentes, en las asociaciones, en conectores. Creo que ese es el lugar desde donde podemos pensar en algo común.
No quise contarle algo al espectador como receptor pasivo, sino lograr comunicarnos y tratar de juntos (espectador, crítico, actores, director) dar una respuesta a un tema que plantemos para estudiar. Luego que Carroll pide en matrimonio a Alicia hay un choque, él se va y desaparecen sus diarios, hay una gran conmoción de la cual no hay registro. Y eso está en la génesis del teatro: el conflicto, el misterio ¿Qué pasó ahí? Ese es el lugar que decidí ficcionar. Cuando Alicia tenía 32 años Carroll le pide para volverse a encontrar para que le dé el manuscrito original con motivo de su publicación. Ese encuentro me interesó para mi obra pues fue un encuentro muy teatral, muy trágico,un punto límite determinante.
Entonces, eliminé todo lo que tenía que ver con la personalidad y tomé a la niña con su familia y esta petición, y al hombre con su matemática y su fotografía, sus encrucijadas y su complejidad y me pregunté cómo eso en la contemporaneidad determina un discurso que conocemos y en el que nos reconocemos. Y encontré ahí todo lo que quería estudiar.




¿Cuánto tiempo les llevó esa investigación?


Un año y medio. Nosotros no trabajamos con preconceptos. Del mismo modo que uno le exige al teatro que sea un acto presente y efímero creo que la investigación tiene que ser así también. No me interesa venir con una estructura pre-hecha. En mi grupo de teatro los actores son entrenados por mí y trabajamos en la interrelación entre todos. En esta circunstancia creo que lo que necesita este teatro es que el entrenamiento y el ensayo estén en la pauta de trabajo, en el código claro, y el resultado es el momento presente.


¿Trabajaste siempre con los aportes que te dieron los actores?

Siempre, no me gusta trabajar de otra manera. Es en el diálogo y en el no estar de acuerdo que creamos. Por ejemplo, si los actores no están de acuerdo con alguna pauta les pido que me muestren el por qué y lo defiendan. Si es defendible ¿por qué voy a decirles que no?

¿Cómo concebís el texto escénico?

El texto es una interrelación de signos. Creo que el teatro es una red de discursos y cada discurso debe decir tanto como pueda en su propia materialidad. Las luces tienen que tener un discurso personal, el vestuario, la actuación, la acción, el programa, cada cosa que pasa tiene que tenerlo. También es cierto que si saco un signo estoy elaborando otro sistema, entonces, supongo que va por el lado de que la obra no tiene texto. Lo que me pasa es que para mí el teatro resuelve este problema de contar historias o no contar historias en cuanto nosotros encontramos lugares vacíos. Si encuentro líneas diferentes, como que la luz dice una cosa y el vestuario dice otra, tienen que decirlo perpendicularmente, tienen que encontrar contradicciones en su discurso, en su encuentro. Desde ese lugar creo que se generan signos, significantes y significados importantes, que yo desconozco. Es como el flyper en el que la pelotita hace un recorrido y suma puntos, pero cae siempre en el mismo lugar. En ese sentido yo como directora armo el flyper para que la pelota caiga siempre en el mismo lugar, y no sé finalmente cuánta cantidad de signos se entenderán, pero armo la estructura para que esos signos aleatorios no sean desubicados o sin razón. Eso tiene que ver en cómo armamos la propuesta en conjunto con los actores.
Creemos que texto es todo aquello que dice algo fundamental para lo que se pone en cuestión. En nuestros trabajos anteriores buscamos poner temas en cuestión. Nos reunimos para discutir acerca de algo. En esta obra no hay texto porque decidí erradicar esa línea discursiva teatral, era mucho más discursiva al sacarla. Entonces ese es el signo que podemos dialogar.


¿Cuándo ibas montando la puesta cómo fue tu trabajo con los actores, qué te interesó que trabajarán más?

Soy muy grotowskiana y para mí lo fundamental es la relación espectador- actor. Pero también me gusta cuestionarme sobre lo que sigo tan fielmente.Cada temática de estudio requiere su propia particularidad. Nosotros ya habíamos hecho trabajos en el espacio e investigado sobre esta relación. En una puesta anterior el espacio estaba vacío y había dos luces que prendían y apagaban, esa era la dificultad. En este caso decidí entrenar a los actores e incorporamos dos actores nuevos. No me interesa trabajar con actores intérpretes, me interesa trabajar con actores que manejen mi código y por ende los tengo que entrenar.
El entrenamiento nos llevó un año. Lo que hago con ellos es asegurarlos. La idea prima es que el actor es tu cara, tu voz, tu cuerpo, es tu obra. Creo que para que no entre en pánico y muestre exactamente lo que es, el actor tiene que tener un panorama importante, estructurado, pensado y elaborado con respecto a qué va a hacer. Y mis propuestas no son muy fáciles de elaborar. Entonces les doy reglas de lo que pueden hacer y lo que no se puede hacer bajo ningún concepto. Es como un partido de fútbol y en ese sentido sigo las ideas de Bartís y Brook. Les planteo a los actores: tenés un enemigo y un objetivo y hay que meter goles.El enemigo se comporta de una manera que vos no conocés y eso es lo que está bueno.
Empiezo trabajando una propuesta libre, luego los voy estructurando. Y en ese proceso les pregunto siempre nunca los anulo. En ese plan los entrené mucho, así este año al darle las estructuras del montaje, que no son pre-hechas, ellos pudieron tener lo que necesito para ver como directora lo que quiero ver: la calidad de movimiento, la calidad de discurso, la mirada. Todo en la puesta está trabajado milimétricamente y el tema en sí es una excusa para mostrar teatro. Me preocupé mucho por encontrar una metodología de trabajo más estable. El año pasado fue dedicado al entrenamiento, este año les di pautas de construcción, por ejemplo, les pedí que traigan fotos y las trabajamos en base a análisis de acción. Los signos como el vestuario, las vendas, los relojes, lo parasitario que hace a Alicia eso sí lo decidí yo, porque ese es mi rol como directora. Me dedico al actor porque me parece el lugar más fructífero, pero todo lo otro que hace al tema es el rol del director, y hay especificidad de los roles en nuestro trabajo.


Los actores me parecieron muy buenos ¿Cómo diste con ellos?

Gabriela Umpiérrez es mi actriz. Si yo tuviera que teorizar en un manifiesto sobre actores ella sería mi actriz, nos conocemos hace años. Mi exigencia con los actores es el nivel de riesgo que para mí es fundamental. Los actores saben que cuanto más riesgoso es, es mejor sin llegar a hacer locuras. Trabajamos el margen, los moretones de los actores son de verdad ¿Si no probas la realidad cómo sabes cuál es? Gabriela es una actriz muy versátil. José Ferraro y Elisa Fernández son dos compañeros de generación de la escuela. Elisa es maravillosa tiene un gran potencial, siempre hablábamos de trabajar juntas. Es una actriz muy responsable, el trabajo con ella fue muy interesante. Tuvo que superar algunos obstáculos, porque le costó encontrar este lugar de Alicia, que no es fácil. Ella y también José, a base de confianza y compromiso, sacaron adelante el trabajo. Tuve buen ojo al encontrar actores con ese compromiso. Respondieron muy bien a la dinámica de la propuesta.
En la relación de ellos los dejé solos muchas veces. Para mí es muy importante que trabajen solos, que puedan pelearse y luego amigarse, o sea, que puedan dialogar más allá del rol del director dictador que no me va. Así encontraron eso que se ve: que el laburo es de ellos, con mis pautas claro, pero ellos son los que deciden. Creo que me entendieron mucho y había disposición clara para ello.

¿Qué pautas específicas de dirección trabajaste en este proyecto?

Carroll era fotógrafo y yo tengo obsesión por la fotografía. Como directora trabajo la acción, para mí si el cine es imagen el teatro es acción. Siento que si vamos a estudiar sobre teatro tenemos que estudiar sobre la acción y me parece que la fotografía ofrece herramientas para hacerlo. La fotografía, como dice Bartís, capta el click, ese lugar fundamental donde decidís que es ahí la foto. En ese estudio exhaustivo de cada momentito que compone cada acción, encontramos un lugar donde se pueden decir cosas. ¿Cuáles son los parámetros de estudio en el congelado de una foto? ¿Cuál es la diferencia entre una foto y la acción? Es que la acción se mueve. Entonces eso fue lo que hicimos. Empezamos a trabajar en base a fotos, les pedí a los actores que hicieran muchas fotos. Tomé ese trabajo y luego lo edité. Después me pregunté: ¿Cuáles son los parámetros que hacen que una foto se mueva? ¿Qué es lo que quiero acentuar o eliminar? ¿Cuáles son las transiciones? Las fotos las crearon los actores pero las pautas para hacer las fotos fueron mías. Trabajamos con títulos y lo que hicimos en definitiva es análisis de acción.


¿Qué te pareció tu montaje final?

Es una construcción. Al principio había un montón de imágenes, trabajamos con poco tiempo para realizar las pautas. Les pedí, por ejemplo, que en quince minutos encontraran seis fotos cada uno y las juntaran en una acción común, no los dejo pensar demasiado. Con lo que ellos me dan pienso en la globalidad. Básicamente estudiamos mucho, recabé mucha información que ellos me dieron y después ablandé formas, las llevé a una realidad. Lo que me rechina en el ojo lo tengo que ablandar, es decir, lo llevo a un lugar que sea coherente. Y en esa coherencia emergen nuevos temas, siempre en torno a Alicia y la distorsión de lo real.


Hace pocos meses vino el teórico alemán Hans -Thies Lehmann y mencionó como una tendencia del teatro contemporáneo la búsqueda de un teatro de situación. Veo mucho de esa idea en tu trabajo sobre el espacio.

Para mí el teatro radica en la relación. Fue un devenir para mí, realmente fue una cuestión de consecuencia el trabajar con el espacio. Entiendo que el espacio es la musculatura y el entramado de situaciones es el esqueleto. Es un concepto pragmático: llegás a un lugar donde está la musculatura y vos tenés tu esqueleto que lo adaptás. Sé que si yo llego a un espacio con los actores entrenados, seis horas antes del espectáculo logro montarlo ¿por qué? Porque el espacio debe ofrecerte lugares interesantes donde tu discurso, tu entramado de situaciones crezca. El espacio es un discurso.
Para mi hacer esta obra en un teatro no es un discurso yme parece más interesante mostrar la teatralidad en un espacio que no sea un teatro. En este caso el lugar es un discurso. Elegí un hotel. Al comienzo pensé en una casa por vincularlo a la familia pero me di cuenta que era muy enfático y no tan perpendicular. Después pensé en un hotel porque es un terreno de nadie, es un terreno que usa todo el mundo por tanto es de nadie. Allí pasan muchas cosas y nunca te enterás, la gente se queja de cosas que pasan a puertas cerradas. Allí pagás por la habitación y cerrás la puerta. Me interesó esa idea de encerrarse en un lugar que no es de uno y es de todos y lo vinculé con la idea del escritor. Eso de sentarse en un lugar neutral a construir algo que es de uno y nutrirse de esa neutralidad. Creo que sería una situación muy clara para Carroll si llegara temprano al encuentro, y esa es la situación que armé: Carroll llega temprano a esa cita que él decide hacer en un hotel, llega de comprar el regalo y la torta para darle a esa muchacha que hace tiempo que no ve. Al llegar al hotel se acuesta a dormir y sueña con todo eso y se la encuentra.
El hotel como lugar ficticio me ofreció un montón de signos. Esos signos que el espectador se lleva e intenta descifrar es lo que aportó el espacio en esta ficción. Más allá de lo que dice Peter Brook de enmarcar el teatro en espacios determinados, dentro de ese lugar del espacio vacío. Está bien, eso me interesa, pero me parece que hoy en día este lugar de colarse entre las cosas que son sistemáticas es muy tentador. Además es el lugar donde el teatro se vuelve específico, ni el cine lo logra. ¿Qué pasa si volvemos al teatro algo único? Es decir, un lugar al que el cine no accede. En el cine el espectador en general va a ver al actor, exceptuando al especializado que observa otras cosas como la fotografía, etc. En este punto de conexión donde el espectador también va a ver en el teatro al actor yo quiero complejizar lo que esta atrás. Lo que en el cine no reparás, Peter Greenaway es una excepción porque trabaja de modo tan frontal que lo que ves es una pintura. El encontró ahí una especificidad que es plástica. Creo que en el teatro, más allá de ser un hecho vivo y efímero, su especificidad pasa por complejizar el lugar. El reloj que puse en un rincón o la escena donde la actriz sale con un dedito a la vista, es para ese espectador que lo ve en ese momento y ahí es donde creo que el teatro se vuelve único, no importa si es para quince o más espectadores. Por eso soy una defensora de los espacios alternativos.


¿Cómo trabajaste la intervención de un espacio que es un Hotel donde hay huéspedes para no interferir sus rutinas?

Nosotros nos adaptamos al lugar para que sea parte del código. Les di herramientas a los actores que trabajamos. Por ejemplo si alguien se sienta en el lugar que es de ellos tienen estrategias para dártelo a entender. Todo es en base a un sistema lógico, si algo interfiere te adaptás a esa interferencia o la removes. No es muy diferente al pensamiento matemático. Que haya tanta gente en el hotel y tanto ruido lo tuve que aceptar. Es como decía Stanislavski un si mágico, si a todo. Sucedió que algún turista se ha quedado o mira alguna escena. Me gusta la libertad y que la gente se sienta oprimida por su propia libertad. Creo que es un aprendizaje para el espectador que si no sale de la habitación no va a ver nada, y nadie le dice que tiene que salir.

¿Cómo fue tu acercamiento al teatro y quienes te influyeron?

Cuando tenía 17 años vi obras como Juego de damas crueles, Atentados, La misión, Sarajevo esquina Montevideo, Jubileo. Ese fue un momento del teatro donde estos directores estaban mostrando cosas, como una especie de bombardeo. Todo eso definió mi manera de enfrentarme, sentía que estaba viendo cosas de vida o muerte, trágicas.
Lucio Hernández es mi maestro, fue mi docente el primer año de Alambique y definió mi rigor y mi disciplina, me enseñó a entender que el teatro es un ejercicio de frustración y de libertad al mismo tiempo. Es alguien a quien voy a admirar siempre. El Coco Rivero tiene una noción de la individualidad teatral, de lo que cada uno implica, muy cercana a lo que creo. Es muy brechtiano, esa cosa del engranaje, que cada pieza es imprescindible para que el todo funcione. Él tiene algo brillante y es que logra que cada uno brille en su rol y para mí eso es un maestro.
Levón logra también eso con los actores. Alberto Sejas tiene una visión muy particular, me interesa de él eso de colarse, meterse e imponerse. Jóvenes puedo nombrarte muchos. Ahora estoy trabajando con Yamandú Fumero, con el proyecto Rapsodia, y me parece que es un director muy talentoso. A nivel internacional te puedo nombrar a Koltès, por ejemplo y Artaud.



(*)Fotos Paulette Gogo